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domingo, 6 de marzo de 2011

La Receta Mágica.



Con un poco de inteligencia, sólo un poco (incluso, a veces vale hasta con encefalograma plano), un mucho de cara (dura) y un nulo sentido del ridículo, se puede aspirar a todo en este bendito país.

Hoy en día es fácil ver en cualquier cadena televisiva, programas infumables que elevan a los altares de la fama a auténticos ídolos de barro que a la velocidad de un cohete supersónico son encaramados en el olimpo de la gloria mediática, y que tristemente para ellos, con la misma velocidad se caerán del falso pedestal derrumbándose cual castillo de naipes. Y no sin razón, ya que estos famosos de castañuela y pandereta, no tienen mérito alguno para gozar del fervor popular, por que la mayoría de ellos no han hecho absolutamente nada para merecer el más mínimo reconocimiento, salvo caer en gracia, por que ni graciosos son la mayoría de ellos.


Fran Álvarez.

martes, 1 de diciembre de 2009

Su Servil Majestad.



Reyezuelo venerado por incompetentes aduladores
y a la vez vasallo,
inclinado ante aristocráticos señores.
Permanente admirador del poderoso,
para quien siempre tiene más valor,
el apellido de cuna y el rimbombante nombre
que el valor verdadero del hombre.

Arrodillado inamovible ante el influyente,
bajo el peso patente,
de la inferioridad manifiesta,
como complejo pegado,
igual que el “desfase a la fiesta”.

Tirano controlador.
Castrador de imaginaciones.
Inquisidor homicida,
de creatividad e ilusiones.

Igual que el “Papa” en dogmas de fe,
no te equivocas nunca.
Ves siempre la “paja en ojo ajeno”.
¡Soy infalible! (a ti mismo te dices).
¡Y vas y te lo crees, pobre imbécil!
Sin embargo, no ves la enorme “viga”
y la tienes delante de las narices.

Emperador de la permisividad.
Apóstol del “no esfuerzo”.
Consentidor “perdonavidas”.
¡Qué pena de tío!

Te arrastras por el suelo,
cuando no necesitas hacerlo,
eres serio y con conocimiento,
pero haces lo que sea por ser “Reyezuelo”.

Te escondes tras el miedo y la poca hombría,
atropellas la razón,
y acabas rebozándote entre el fango
y la cobardía.

“Reyezuelo que dominas (o crees hacerlo),
un país de pandereta,
más vale ser desterrado del reino,
que inclinar la cabeza y poner careta”.

Fran Álvarez.